Eugene y Portland, ciudad de locos corazones

Al lado del caminoNo puedo creerlo esto es una chimba! Que pequenito mundo!- Gritó Matt desde su moto al encontrarnos en un mirador de la Pacific Highway, la sinuosa carretera que bordea la costa oeste de Estados Unidos. Gringo de nacimiento y latino por adopción todavía hablaba castellano con ese acento alfombrado de palabras de todos los países que había conocido en sus viajes, países a los que él llama barrios porque así los siente. Bajo su casquito azul seguía irradiando esa felicidad que tienen los que viven al mundo como una fiesta, como un viaje. Como lo que es.

encuentro con Matt en Colombia

Las fronteras calientes son un precioso lugar para hacer nuevos amigos

Nuestros caminos se habían cruzado por primera vez en una frontera, que son esos lugares en donde los destinos se mezclan y vuelven a repartirse, cuando apareció de la nada a bordo de su post-apocalíptica moto cargando mitad comida y mitad disfraces y en pocas horas se convirtió en uno de los personajes más entrañables que conocimos en esta aventura. Compartimos varias jornadas de viaje en el 2012 allá entre Ecuador y Colombia donde cuentan que no hay que manejar de noche y mucho menos bajo aquellos diluvios de noviembre. Pero como él tampoco viajaba con relojes siempre terminaban acechándonos los fantasmas de la noche y de las FARC, escondidos imaginariamente entre los árboles a pie de ruta. En esa época aprendimos a no temerle a ningún camino, que al fin y al cabo son el mismo porque como él dice “el mundo está todo redondito”. En cada retén militar colombiano aprovechaba el magnetismo que la limo ejercía sobre los uniformados y se convertía en un fantasma que usaba la distracción que creábamos para evitar ser requisado cada media hora. Luego reaparecía acelerando al costado de la limo riendo a carcajadas con esa risa pirotécnica que sólo tienen los duendes de los caminos. –¡jaja vamos que nos atrapan! ¡que loco mundo! -Gritaba cuando desapareció tras una curva cerrada.

Meses después nos enteramos por otro nómade que lo vio materializarse en una playa de Costa Rica que estaba planeando irse en barco-stop hasta Australia para cruzarla caminando solo.

-ah sí! Pero eso será el mes que viene! Ahora tienen que venir conmigo a conocer mi nuevo hogar – y como uno no debe discutir con duendes inmediatamente pusimos proa hacia el boscoso y húmedo estado de Oregon. Esos días fueron un paréntesis en la locura general del viaje y un alivio de la vorágine intensa que nos envolvió en Los Ángeles. La convivencia con viajeros es siempre una experiencia que fluye naturalmente, no hace falta responder un largo cuestionario antes de poder ir a dormir y siempre sobran planes y faltan días. Luego de casi seis meses viviendo en Estados Unidos fue un pequeño recreo para nuestras mentes que ya hasta sueñan en inglés. Nos contó que eligió Eugene como refugio temporal porque ahí se respiraba libertad, arte, y cultura. Y tenía razón. Durante dos semanas cambiamos la limo por un par de viejas bicicletas y paseamos por sus callecitas de cuento, sus casas victorianas y sus fiestas interminables de barrio. De mundo. El encantador pueblito es el último reducto hippie y cuenta con vecinos de todas las nacionalidades, cientos de cafeterías y miles de fábricas de cerveza.

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Dos horas después de haber llegado a Eugene nos encontrábamos en medio del ciclo paseo de luna llena. Cool

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ciclo paseo con Matt. En ese monociclo atravesó Estados Unidos de sur a norte.

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Con nuevos amigos en Eugene. La limo mide lo mismo que dos minis. Un kilo y dos pancitos.

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de regalo de cumpleaños Matt me regaló una bocina uuuuuuuuuuuuggggaaaaaaa!! original de los ´50. Esos son regalos, sí señor.

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La mañana en que partíamos hacia Portland conocimos a Anne, que se ofreció a pintarnos un hermoso árbol Redwood inspirado en el que está en la puerta de la casa de Matt. Gracias Anne por el regalo de cumpleaños!!

Portland Nos despedimos de Matt con la certeza absoluta de que nos volveremos a cruzar en alguna curva peligrosa de este planeta y seguimos viaje hacia el norte. Trayendo el sol a cuestas llegamos a Portland, la ciudad más loca del noroeste. Teníamos previsto un encuentro con Lisi, amiga de Flor desde su época de estudiantes. Luego de 5 años creo que ninguna de las dos estaba segura de cómo sería el encuentro (ahora que ellas no están les cuento que Lisi creía que Flor podría haberse convertido en una hippie drogona bajo la influencia de quien escribe y Flor creía que quizás Lisi podría haberse “agringado” sin mayores especificaciones). Pero cuando la amistad es verdadera basta con un abrazo fuerte para volver el reloj a cero y afortunadamente eso fue lo que pasó. Ella nos hospedó en su super cálida casa del uptown con vista a todo el valle y durante más de una semana nos llevó de paseo a todos los lugares cercanos y no tanto.

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Flor y Lisi recordando sus días de estudiantes de biotecnología.

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A coiori a coiori!! gritan los gringos cuando ven a este animal. Nosotros le decimos Coyote. Son preciosos. Quiero uno.

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Paseando por las afueras de Portland. Por estar en el mismo paralelo que la comarca andina el lugar nos recordó muchísimo a la cordillera Argentina

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Paseando por el precioso Mirror lake, estado de Oregon.

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Portland de nochecita

Portland está rodeado de alucinantes campos de tulipanes que tapizan las colinas destrozando la verde monotonía con una explosión de colores que hacen perder la noción del tiempo y la distancia.

Campos de Tulipanes de en oregon (1)

Llegamos a los campos de tulipanes bajo la amenaza de una tormenta mala onda. Así que conjuramos nuestros mágicos poderes para desaparecerla. Funcionó.

Campos de Tulipanes de en oregon (2)

foto para cuadrito

Campos de Tulipanes de en oregon (3)

aunque no parezca pasear entra tantos tulipanes tiene toda la onda. Brrruuummmm!!

Campos de Tulipanes de en oregon (4)

beija Florcinha

Y así sin casi quererlo llegamos a las puertas de Canadá, anteúltima frontera de este viaje. Aunque ya no tenemos miedo de volver a empezar desde cero en un nuevo país, porque sabemos que el final se acerca y que hay que seguir adelante con más fuerza que nunca. Conociendo nuevos amigos y reencontrando a los de siempre. Y sobre todo viajando a carcajadas, que es una hermosa manera de vivir.

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2 Respuestas a “Eugene y Portland, ciudad de locos corazones

  1. Gracias chicos por compartir cada etapa de esa tan maravillosa aventura, Esos campos de tulipanes impactan de una manera espectacular. Qué sigan con los mismos EXITOS que hasta ahora. Un cariñoso saludo de una Comodorense que los admira en lo que se han propuesto y están logrando. 🙂

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