Mi encuentro con la princesa. Relato de un viejo amor

A esta vieja historia de amor ya la conté muchísimas veces pero hoy será distinto. Esta vez nos vimos cara a cara y nos volvimos a enamorar. A primera vista y sin cita previa. “Los amores que matan nunca mueren” dijo Sabina y -como siempre- tenía razón.

Comodoro Rivadavia – Argentina -Año 1995:

Solía pasar las tardes enteras dando vueltas a velocidad de caracol por aquel agónico pueblo patagónico en el que nací. Iba por ahí sin rumbo fijo a lomos de una vieja motoneta de la década del ´50, que fue el primer vehículo que tuve sin rueditas a los costados y que apodábamos “la vaca” porque era mastodónticamente pesada y porque los paseos terminaban cuando se moría y había que volver a casa empujándola.Yo era un flaquito que peleaba contra el eterno viento del oeste mientras soñaba despierto y miraba plantas secas y gatos y viejas pasar volando rumbo al mar. Y siempre hacía frío. Y siempre me aburría.

Pero el destino –oscuro e impredecible como un cross de derecha- de vez en cuando nos dispara un flash directo a los ojos y nos encandila con una imagen fugaz, clarita y reveladora que nos deja parados frente a la abrumadora inmensidad de la vida con la guardia baja, con cara de salame y pestañeando bajo un casquito de plástico negro y violeta. Y entonces todo encaja.

Aquella tarde en aquel semáforo y en aquella hora mi vida cambió para siempre. El adulto gris que pude haber sido y la rutina descorazonada que pude haber llevado se desvanecieron de las probabilidades futuras. Ya no hubo vuelta atrás. Pasaría los próximos años evitando que me enlacen el cuello. Frente a esa vieja estación de servicio entendí que elegiría siempre –pero siempre- a la libertad antes que nada. Y la culpa de todo desde entonces es de ella, de esa morocha sinuosa, callada y misteriosa. De aquella negra viajera.

Mientras tomaba coraje y me decidía a hablarle se acercó su dueño, su marido, su amante y juntos se alejaron hacia el horizonte. No tuve tiempo. Por no saber qué decirle perdí la oportunidad y nunca más volvimos a cruzarnos, pero siempre le estuve agradecido por haberme abierto los ojos a otro tipo de belleza y por mostrarme que existen otros caminos. Aunque ella jamás se enteró.

Su imagen se clavó en mi mente y durante dieciocho años la perseguí en mis sueños. Fue mi eterna inspiración hasta que un día apareció en mi vida Florencia y dijo que sí, que ella me acompañaría por todo el mundo si fuese necesario, hasta encontrarla. Y que de paso en el camino nosotros también viviríamos lo que aquella princesa había vivido, y que nos acecharían peligros parecidos y que cruzaríamos mares, horizontes, montañas y que al fin seríamos tan libres como ella. Así que un día emprendimos la marcha y nos lanzamos tras sus pasos y fuimos felices y vivimos mil aventuras peleando contra molinos de viento, dragones y policías y cada noche caímos tan cansados que ya nunca más tuve tiempo de recordarla y de soñar con ella.Finalmente me enamoré de mi propia princesa aventurera.

Desierto de Nevada- Estados Unidos- Año 2013:

Habíamos manejado casi veinte horas sin parar desde Texas rumbo a California, buscando el abrigo del sol de la costa oeste. Al amanecer llegamos con hambre, con sueño y con frío a un puntito que aparecía en nuestro mapa llamado Laughlin, un nombre que me parecía demasiado conocido pero no lograba recordar porqué. A las 8 de la mañana y luego de desayunar en aquel enorme casino que se erguía en medio del desierto decidimos conocer el museo de autos clásicos del último piso. Era una mañana gris y fría que me recordó a las de mi tierra, que ahora estaba a 16 países y 35000 kilómetros de distancia. Siguiendo los carteles en inglés llegamos por un enorme pasillo vacío hasta la puerta del museo donde nos recibió un anciano amable con pinta de elfo que nos invitó a pasar mientras sonreía y –hasta quizás- nos guiñaba un ojo antes de desaparecer. De repente quedamos solos y en silencio. Flor se acercó directamente a ver un enorme Cadillac 1959 y yo giré a la izquierda, hacia donde estaban las motos. Caminé muy lentamente mientras bostezaba y miraba aquellas antiguas máquinas. Hacía bien caminar un poco luego de haber manejado tanto. Pasé un stand, dos, tres y de pronto mi corazón empezó a palpitar muy fuerte. Era demasiado temprano y estaba demasiado cansado pero mi mente empezó a unir los puntos. Laughlin, casino, desierto y motos eran palabras que ya había leído alguna vez escritas todas juntas en una misma oración. Ahora el lugar olía a magia. Empecé a sonreír y pensé que cuando el destino quiere nos da una segunda oportunidad y que si no, se la arrebatamos a fuerza de peregrinar. Di unos pasos más y levanté la vista justo en el momento en que ella se daba vuelta y me miraba directamente a los ojos. Fue un hechizo. Volví a enamorarme como la primera vez. Habían pasado dieciocho años pero estaba más hermosa, misteriosa y aguerrida de lo que yo recordaba…

Pero esta vez me animé y conteniendo las lagrimas al fin le susurré al oído:

– Es un placer volver a verte princesa, gracias por traerme hasta acá.

Y entonces todo encajó.

-Fin-

Nota:  “Princesa negra” es el nombre de la moto Honda Goldwing del gran viajero argentino Emilio Scotto. Juntos dieron la vuelta al mundo durante 10  años y tuvieron la decencia de pasar -en el ante ultimo día de su viaje- por Comodoro Rivadavia, en aquella tarde ventosa en que un jovencito Lucas Cárdenas los miraba asombrado y se prometía que algún día también viajaría hasta el final del arco iris. Dieciocho años después sus caminos volvieron a cruzarse. Porque a las promesas de amor hay que cumplirlas.

BLACK PRINCESS 1

De esta mirada profunda fue que me enamore. No es preciosa?

BLACK PRINCESS

Un momento a solas con mis dos princesas viajeras. Valio la pena tanta espera.

Imagen

Una panoramica del museo del Casino Riverside

BLACK PRINCESS 3

Riverside casino de Laughlin, Nevada. Adentro me esperaba un ansiado reencuentro, aunque aun no lo sabia.

Muchas gracias a Adrian Alberino por su complicidad en un momento tan importante de nuestro viaje y de mi vida. Gracias maestro!

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17 Respuestas a “Mi encuentro con la princesa. Relato de un viejo amor

  1. esa moto paso cerquitita de aquí por un pueblo llamado Tombstone, Arizona arriba montado en ella el maestro Emilio!!! acércate a ella y dile que te susurre una de tantas aventuras vividas. Las vueltas que da la vida!!! Cuidemos nuestras motos y nuestros autos porque ellos nos sobrevivirán y serán un legado para los que vienen detrás, encerrando la oportunidad de rodar por este bello mundo. Jorge Jimenez Leon. El profe Vagabundo.

  2. hola soy horacio de 42 años de argentina,aunque no se crea.tuve muchas motos ,grandes,bnw,virago 750 honda 750.muchas mas ,ahora soy popbre.tengo una Zumo 150 origen chino ,pero amo a las motos,un abrasomi correo es (horaciocid@gmail.com)por si alguien quiera conversar de lo que nos apaciona .las motos,estoy pa lo que gusten,saludos desde mendoza….

  3. Hola Chicos, Gracias por las historias.
    Queria comentarte que hay un pequeño error, en el nombre es Emilio Scotto.
    A seguir viajando y conociendo.
    Hernan

  4. Excelente,el espiritu aventurero,ademàs para emprender esos grandes periplos hay que ser poètas,para literaturizar las bellezas que nos ofrece la naturaleza y el agradable contacto con las diferentes culturas con las cuales se interrelacionan los trotamundos soñadores con los lugareños de cada pueblo y camino sùrcado.

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