Un misterioso y mágico viaje a Cuba (2 de 3)

Luego de perder el bus y casi perder el avión en la misma mañana, logré subir a bordo del vuelo con destino a La Habana, Cuba. Al entrar me encontré con algunas caras de enojo por parte de los pasajeros a quienes les había demorado el vuelo y entre todas pude distinguir, desde lejos, a la más enojada y sorprendida de todas: Florencia, que me miraba entre desconcertada, muda y enojada, como un moai de la isla de Pascua. Caminé hasta nuestro asiento y la saludé:

-¡Hola! no se puede creer este servicio, que desastre las demoras…

-essstúpido ¡¿dónde estabas?! ¿qué te pasó?

-me comí una hamburguesita re rica

-¿y eso te llevó una hora? ¡Pensé que te había pasado algo, casi me bajo, vinieron a buscarte varias veces y todos preguntaban por vos!

-es que la fama me persigue

-me moría de nervios, mirá si me iba a Cuba sola, mirá si realmente te había pasado algo, mirá si…

-bueno pero como verás no me pasó nada y abordé el avión como un campeón, ni el llanero solitario le metía tanto suspenso…

-¡el llanero solitario no abordaba aviones! Ni se iba a Cuba sin pagar pasajes, ni preocupaba tanto a su novia, ni…

-bueno bueno, ya está, ya pasó, ahora volemos tranquilos. Tomá guardá vos la billetera y todos estos papeles y pasajes…

-bueno… a ver… ¿tanto pagaste por una hamburguesa? Ves que no te puedo dejar solo ni…

Y en ese momento vi cómo se le transformaba la cara. Primero se quedó mirando al vacío, volvió a mirar aquel ticket, a mí, al ticket, al vacío y finalmente enfurecida me profirió una serie de improperios imposibles de reproducir por este medio. Yo me quedé tan sorprendido como ella. Sabía que era cara la hamburguesa pero no pensé que fuera para tanto. Miré el ticket y ahí, recién ahí, leí aquel “¡Muchas gracias, buen viaje 🙂 ” escrito desprolija e impunemente sobre el endiablado papelito. Yo sabía que el “muchas gracias” era por la propina y el “buen viaje” era parte de la política de atención al cliente de estos negocios en los aeropuertos pero Flor no estaba de humor para más explicaciones. Y desde ese momento vive con la certeza absoluta de que en aquella hora de espera yo enamoré a alguna viajera mientras me comía mi hamburguesita, escuchaba roncanroles (que tapaban a los altavoces que me llamaban) y me lamentaba de haber nacido cuatro décadas tarde.

Boeing

Para mi próximo viaje a Cuba me voy a llevar unas manzanas, un reloj y viajaremos felices. He dicho.

El vuelo entre el continente y Cuba duró apenas 45 minutos pero dada la tensión entre vuestro servidor y su amada se sintieron como 45 días. Al llegar al pequeño y añejado aeropuerto de La Habana localizamos entre la marea humana a nuestro contacto, le entregamos rápidamente las cuatro enormes maletas y finalmente nos sentimos libres, livianos y listos para vivir nuevas aventuras. Nos quedamos unos minutos charlando con él y nos ofreció llevarnos hasta el centro de La Havana mientras nos adoctrinaba: “acá en Cuba hay que confiar desconfiando ¿ia tu sabe? todo van a quere sacale dinero, es que el cubano siempre está vagando, aca a nadie le gusta trabajá”. Mientras lo escuchaba miraba alrededor y veía a un hormiguero humano ofreciendo taxis, comidas, habanos, ron, alojamiento y absolutamente de todo lo que se supone que un turista necesita, cargando inestables montañas de maletas a sus espaldas, abriendo puertas y sonriéndoles a los turistas. Me pregunté a qué Cuba se referiría.

Al salir del aeropuerto nos encontramos con la repentina llegada de una tormenta que hizo correr a todo el mundo a refugiarse bajo cualquier techito. Los que no lo consiguieron o no tenían tiempo para esperar se cubrieron la cabeza con cartones, algunos se colocaron bolsas de nylon en los pies y siguieron caminando. Mientras nos subíamos a su viejo auto ruso el cubano nos dijo entre risas “es que los cubanos le tenemos miedo al agua” y luego agregó más serio “además acá no es tan fácil poder comprarse un nuevo par de zapatos”. La realidad empezaba a cambiar.

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De camino al centro pasamos a dejar las maletas en su casa y nos invitó varias veces a pasar, Flor se quedó en el auto por las dudas y yo subí intrigado por su insistencia. Al ingresar me sorprendió ver un gigantesco televisor, computadoras, celulares, un living impecable y todas las paredes recién pintadas.

-¿le gusta?

-si claro, es preciosa

-¿vió? Me costó mucho sacrificio tenerla así. Mire, pase, aquí levantaremos una pared el año que viene, porque ahora el gobierno nos permite comprar materiales.

-que bueno, me alegro entonces- respondí mientras procesaba estas primeras imágenes de Cuba. Lo que el señor quería era que viéramos su mejor posesión, su hogar ni más ni menos. He entrado en miles de casas pero nunca nadie me la había mostrado con tanto orgullo. Al retomar viaje nos comentó de los años que tuvo que trabajar para poder comprarse el desvencijado auto ruso en el que viajábamos.

-U$S 8000 tuve que pagarlo. Y pude hacerlo porque gracias a Dios tengo la suerte de trabajar con el turismo, los que no pues bueno, apenas llegan al fin de la quincena –nos contó mientras manejaba con una mano y con la otra trataba de limpiar el agua del parabrisas.

Al llegar a “La Havana vieja” nos hospedamos en el departamento de una familia local ubicado en el último piso de un deteriorado edificio que llevaba varias décadas sin mantenimiento y que tenía una magnífica vista panorámica a la bahía de la Havana, al fuerte y al horizonte. Bajo una tenue llovizna salimos a cenar y a tratar de comprender el cambio del dinero, ya que aquí se manejan dos monedas paralelamente: el peso cubano y el CUC. 25 pesos cubanos equivalen a 1 CUC, que a su vez equivale casi a un dólar. Teóricamente la primera es la moneda que manejan los locales y la segunda es para los extranjeros, aunque a esta altura ambos manejan las dos opciones. Hay artículos y servicios que se pagan exclusivamente en una u otra. Acostumbrarse a usarlas requiere de paciencia, memoria y facilidad para los números, por lo que durante nuestra estadía en la isla esto quedó en manos de Flor ¡Es que como sabrán lo mío es el arte!

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vista nocturna desde nuestra primera habitación en La havana

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vista parcial de la bahía desde nuestra primera habitación en La havana

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vista diurna desde nuestra primera habitación en La havana. Me levanté temprano, corrí las cortinas y me encontré con esta postal. Habíamos llegado.

En la primera esquina nos encontramos con un grupo de animados músicos cubanos tocando en la vereda de un gran hotel. Todos eran geniales. Sonreían y bailaban mientras hacían lo que más amaban y trataban de ganarse la vida. Tocaron una versión de “A mi manera” con ritmo de guaracha que me hizo estremecer. La letra cantada por ellos adquiría un nuevo significado. Frente al capitolio localizamos un puestito callejero de comida para locales y cenamos por el equivalente de un dólar cada uno. La simpatiquísima negra que atendía nos preguntó de dónde veníamos y se armó la charla entre los presentes:

-que suerte ustedes que pueden viajar, acá donde me ven, con mis cuarenta años yo jamás pude ni podré ir a un hotel, y lo diga sin pena pues…

-y yo tampoco ni quiero –agregó un parroquiano un poco ebrio que trataba de mantenerse en pie al lado nuestro- y tengo treinta y seis y sólo conozco La Havana y Santa Clara, lo demás no me importa y además está muy lejos y es muy caro.

Quise contestarle que lo de “lejos” es muy relativo y que si uno quiere puede dar la vuelta al mundo a dedo y sin dinero, que tengo amigos que lo hacen, quise decirle que Cuba es muy chiquita y que si él quisiera podría recorrerla. Pero al mirarlo a los ojos no vi ningún brillo. Él ya no soñaba. Lo habían derrotado. Preferí quedarme en silencio.

-yo no tuve suerte tampoco- acotó un joven flaquito mientras pagaba y se perdía bajo la oscuridad de la lluvia.

-pues claro si ganamos U$s 10 por mes ¿cuándo vamos a juntar para turistear como ustedes? -Me preguntó un señor mayor- Yo sabía que era una de esas preguntas que no tienen respuestas o que quienes las tienen son los que sí pueden salir y entrar de Cuba y que no están precisamente comiendo parados bajo la lluvia, pero preferí quedarme en silencio nuevamente. Habíamos ido allí para aprender, no para enseñar lo que sabíamos acerca de este otro mundo. Cualquier otra cosa no tendría sentido. Hablábamos dos idiomas distintos y lejanos.

Luego todos los presentes empezaron a contarnos sus experiencias y qué ciudades conocían, otros se quejaron del gobierno opresivo y otros empezaron a defenderlo a los gritos. Pagamos y nos fuimos masticando nuestra milanesa y nuestras dudas. Nosotros acabábamos de pasar 8 días recorriendo como invitados los mejores hoteles de Tulum, veníamos de la lujosa, carísima y libre Riviera maya y nos encontramos con esta otra realidad cubana en la primera salida a la calle. Y así fue siempre cada salida. Cuba nos apabulló los sentidos y los pensamientos con demasiada información, lo que sumado a que a la ida y a la vuelta nos chocamos con la realidad opuesta de la costa mexicana hizo que toda la experiencia, vista en conjunto, fuese aún más radical.

Volvimos al departamento con la charla aun zumbando en nuestros oídos. Contemplamos en silencio la vista de la ciudad que dormía pacíficamente y nos fuimos a acostar pensando que como en todos los lugares del planeta aquí todo se reduce a una cuestión de suerte y de oportunidades. Pero acá no es tan fácil guapearle a la vida las oportunidades que uno no trae desde la cuna. Agradecí a quien correspondiera el haber nacido libre. Agradecí no haber tenido que construir una balsa.

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Primer paseo nocturno por las calles de la desolada Havana

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Primer paseo nocturno por las calles de La havana. Esta era la avenida principal, la más animada.

A la mañana siguiente desayunamos junto a la familia que nos hospedaba. Mientras nos preguntaban sobre cuestiones de la vida en el continente sonreían todo el tiempo, hablaban a la vez y nos contaban sobre sus vidas. Una de las hijas acababa de tener un bebé precioso, la otra estudiaba medicina y la otra quería ser cantante. La vida seguía y en esta casa no se hablaba de política. Por las edades todos pertenecían a la generación nacida luego de la revolución, por lo que el orden de las cosas para ellos era –en cierto sentido- natural. Es lo que hay.

Salimos a caminar temprano antes de que el sol partiera la tierra. Lo primero que sentí es que La Havana huele a abandono y a Hawaian tropic. Que los autos americanos aún lucen fabulosos y que los autos chinos y rusos no tienen bocina ni brillo. Vi que la cara más visible de Cuba ha sido repintada miles de veces con una inverosímil paleta de colores hasta convertirla en uno de los destinos más fotogénicamente increíbles del mundo. La cámara apuntaba sola y disparaba fotos en todas las direcciones. Sé que el día de mañana cuando observe estas fotos con más detenimiento veré allá en el fondo varias capas de realidad asomarse desde esas miradas lejanas, desde esos rostros que sonríen desafiantes o amistosos. Uno sólo puede sobrevolar la superficie. Cuba es un gran misterio, como el hombre, como todo lo demás.

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seguir adelante a pesar de todo es la primera enseñanza que nos dejó Cuba

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Cuba es un gran viaje al pasado. En más de un sentido

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La Havana 2013

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También hay otra Havana para los turistas

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El Che pintado y repintado sobre las paredes descascaradas de La Havana vieja

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Postales de Cuba

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Postales de Cuba

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Postales de Cuba

Continúa en “Un mágico y misterioso viaje a Cuba (parte 3)

# Este relato subjetivo, personal y cargado de los desvaríos típicos de quien vive sin ataduras fue escrito bajo las tenues luces de la desvencijada Havana, mientras de fondo oía pasar a los desangelados de la noche que rasqueteaban las sobras que el día les había dejado. Si Ud desea refutar algún párrafo le sugiero encarecidamente que apague la TV, vaya a Cuba y luego sí, con conocimiento de causa comente libremente. De lo contrario sus comentarios serán rechazados por la autoridad competente. O sea yo (La Habana – Cuba – alguna noche de Septiembre de 2013) 

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